CAÍDA DE EVA (2000) Lectura en prosa

I Eva se sacude Su pelo se extiende como una cascada rubia donde el rostro de Adán se esconde Eva se levanta Sus piernas se alargan como ramas primaverales donde las manos de Adán encuentran senderos Eva se acerca Su mirada se agranda como el ojo del halcón donde la boca de Adán lee tempestades.

II Me tiendes como un mantel sacudiendo antes tus miembros antes de tenerme hecha de colinas silbantes cuidando de no pinchar tus dedos en mi floresta. Vienes cavando el sueño dorado de amanecer otro hombre, sudando oro al sol, resplandor de pupila, sin dolerte de mi entraña revuelta.

III ¡Una mujer, una mujer! dijo la primera vez... Para darle los buenos días Para recibir el pan tostado Para lucir la camisa planchada ¡Una hija de Eva! ¡Más pura! ¡Más blanca! Donde el verbo amor agonice en el vientre de Su mujer arrojada al fuego diario de ir y venir tras su hombre.

IV Ayer fui la hoja que leías Hoy descanso en un estante Ayer fui tu taza de café Hoy me arrojo al lavaplatos Ayer fui humo en tu cigarro Hoy ceniza junto al polvo Ayer fui paloma de tu alma Hoy me quebré el ala en mil pedazos Ayer fui estrella de tus mares Hoy capitana náufraga de tus ojos Ayer fui mujer de tu ceguera Hoy más mujer de tu fracaso

V Anochece en mi refugio. Un desvío de la Luna siembra en mí la oscuridad Dormida me puedo despertar Despierta me puedo dormir Clavas tu ojo en mi frente y mi postura de Cíclope me hace olvidar mi condición de unicornio Dormida me puedo despertar Despierta me puedo dormir Sábana de grillos golpeando mi sien. Uno a uno los tomo, los aprieto, los muerdo hasta hacer de mi cuerpo un ser sinmujer Dormida no puedo despertar Despierta no puedo dormir. VI Esta noche a nuestra mesa se sienta Dios nos acaricia la cabeza mientras sonríe y su mirada severa se hunde en nuestro pecho: ¡Cuánto odio y tristeza albergas en tu corazón!

VII Semáforo de cuatro tiempos el primero es un suspiro el segundo una ilusión el tercero una llovizna el cuarto un lamento.

VIII Princesa de las soledades de pequeña me contaron de reinos de valles encantados y caballos alados A ellos tu mirada esmeralda me guió treinta noches sin luna, pero el sol celoso regó en ti la noche del olvido Amor abandonó un himno en mis labios. Secó mis pechos Y ya no queda chorro, ni gota Que encauce al mar mi llanto ¡Desierto! Se llama mi reino. Calma surca la vida. Nada sisea en el viento. Nada canta en mi pecho, Porque el amor yace muerto.

IX Todo en mí es una gota de amor seca El sol a oscuras me reveló un secreto de la Luna Las estrellas se rieron de mi ilusión La tierra me dio la espalda otra vez.

X Hoy decido que no comeré la carne roja que cazaste ayer con los puños de la ira que luego cayeron sobre mí Hoy decido hundirme en pantanos y secarme en el desierto naufragar presa del frío y de otros animales que no sean Tú. Hoy decido tomarme el cabello untar con arcilla mis dedos teñirme los labios y las mejillas cerrar la cabaña y marcharme.

XI Tienes derecho a la luz a ver televisión a sentarte en tu sillón favorito a leer el diario y escupir. Tienes derecho. Sí, todos los del mundo. Pero sobre mí, ninguno.

XII Los otros me miran porque cruzo las calles a todas horas. La vecina me saluda respetuosamente bajando la cabeza. El jardinero ha venido dos veces a proponerme que pode algunos árboles. Jamás había visto tanta gente preocupada por mí. Es que Ud. está sola, me aclaran. Extraño, yo me siento más plena que nunca.

XIII Los pequeños han empezado de nuevo a gemir. Primero fue la leche, el frío, ahora es el amor. Me exigen que les dé un padre. Cómo explicarles, que en mí sólo tendrán protección, que por años mis pies les traerán el alimento, que por años mis manos les tejerán el abrigo, que por años mi cabeza divagará sobre un paraíso perdido, en el cual ellos podrán formar sus sueños y crearán al padre que hoy no les puedo dar.

XIV Llamó cuando yo no estaba. Me lo imagino, pensando que de seguro me libré de él que me fui con otro y que me río a carcajadas. Por supuesto que no dará un peso, para que lo gaste con otro, no. Prefiere visitarnos una vez al año. Tiene mucho que recorrer en el mundo. Suficiente molestias ha tenido con estos hijos que no hacen sino jugar y una madre llorosa que sólo piensa en el futuro. Claro, eso ha dicho, no es necesario que me lo digan, lo conozco porque lo amo lamentablemente, lo conozco y lo amo.

XV Cuando Adán se fue Pensé que sería bueno no levantarse a cocinar. Pensé que tendría espacio para mi aeróbica y mi closet siempre desordenado. Pensé que el mundo se abría libre a mis pies. Cuando Adán se fue... Pensé en todo menos en cómo olvidarlo.

XVI Para que me recuerdes, te pienso te atropello en mis ideas te derrito en mis dientes te deslizo en mi almohada. Para que me recuerdes, amándote.

XVII En el paraíso fuimos uno Después vinieron los exponentes del número dos.

XVIII Esta tarde apareció sobre el abismo el torpe movimiento de un puente viejo. Del otro lado su sonrisa me miraba como cuando nómades huíamos a polos opuestos sabiendo que necesariamente nos encontraríamos en algún punto de la tierra. Sin embargo, ahora que sabemos dónde encontrarnos, gastamos el tiempo en pensamientos.

XIX Es tan liviana la palabra. Una vez dicha se desvincula de la Lengua, el órgano perfecto, y resuelve la paternidad con su partida; y no hay huella no hay lazo afectivo más que el nomeolvides, lápida huesuda volteando los ojos a otros mundos.

XX Si quisieras. Estoy al alcance de tu mirada. ¡Si tan solo quisieras!...

XXI Si el amor se hace trueno, rayo y lluvia en un instante. ¿Por qué tarda tanto este olvido?

XXII El dedo cae en el anillo Mi alma al infierno

XXIII Sentados ante el horizonte los rayos del sol nos cruzan, nos palpan. Un humo sobre la línea de Colón, incapaz de partir, permanece en el aire. Abrazados la Luna nos mira. Le muestro mi corazón, y tu rostro en él, se va hundiendo la oscuridad sobre la arena. Al despertar ya no estás. La brisa me moja el rostro. El sol no alcanza para calentarme los huesos. Polvo eres y polvo serás Sobre nuestro tiempo.

XXIV Silencio que muero en tinta rosa. He caído por los labios a desbordarme como una parturienta y no di un grito. Me fui en muerte lenta. Ahora no vengan los idos. Dejen que me pierda mi entierro. Mi alma es de primaveras y este día arde de inviernos. Pero cállense su amor. Ahora que les acabo de odiar ¡No me obliguen a sentir! Mi piel es una almeja gigante dormida de ausencias varada al borde de la página bajo tus dedos. Silencio, que muero de hombres de mujeres. Un dolor de pupila me resquebraja. Incansables me han mirado, pero no les oigo el amor el amor y me he vuelto viento desnudo. No me busquen ya. He partido todas las Tierras y Lunas.

XXV ¿Cuál es el ahora que no sueño? Noche o día me he asido a lo real como un fantasma para evitar dolor toda engañosa entrega. Pero quién me dirá que vivo. Si de tanta muerte olvidé respirar como las aves. Si de huir no sé volver sentir llamarme mujer sin caer entre los hombres.

XXVI Hay hombres que miran con fuego Hay hombres que ensucian el aire Hay hombres ásperos Hay hombres gordos Hay hombres enjaulados Hay hombres de izquierda Hay hombres alquimistas Hay hombres mudos Hay hombres de ropa Hay hombres que no nacieron para ser hombres Hay hombres que buscan mujeres Hay hombres que buscan hombres Hay hombres cazadores Hay hombres casados Hay hombres de piel Hay hombres anillados Hay hombres que aman.

XXVII SOL que alertas y letargas de brazos cazadores Refúgiame y esconde para siempre en tu ojo el latido deshojado de mi eternidad de MUJER.

XXVIII El ojo que enmudece, su humedad salobre no gotea por la mejilla El rostro es una aguja ciega en caída libre despeñando soledades.

XXIX Pía esta mañana el sol y no responde sino la pluma gris del otoño.

XXX Me llama el sol. Padre, aquí me encuentro más herida, más otoñal que la rosa que abandonaste junto al lecho de Adán. Me llama el mar. Padre, aquí me encuentro inundada de rencores una ciénaga el corazón con el que me enviaste al Paraíso. Me llama Dios. Padre, aquí me encuentro en completa soledad. Vacía como una criatura ajena a tus bendiciones.

XXXI A estas horas de rutina busco lo remotamente existente, el amor. ¿Lo has visto? Dicen que se perdió entre monedas. Yo lo vi rodar por una pendiente que jamás volvió a sonreír. Pero también él se alejó, se apartó de los hombres de las mujeres. Un ojo al este y otro al oeste.
La nocturnidad se hizo diurna y aletearon los palomos, los que no piden palabras al abrazar el ala palpitante. Pero quién escuchó. Adán y Eva no vuelven. Sólo yo estoy aquí.

XXXII Aferrada a la última roca que se resiste a caer por el despeñadero Una cueva de conejo me arrastra hasta las raíces de un árbol Me unto los rígidos labios de savia y cedo una sonrisa de gratitud Escucho caer la última roca me abrazo a las raíces Un caracol me pide ayuda lo sostengo, mientras las paredes de tierra se desmoronan ¡Ascendemos! un rayo de luz un rayo de aire un rayo de nubes Abajo se ahoga la muerte ¡En mí se ríe la vida!

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